Tras varios días sin escribir retorno con una gran obra, la multipremiada película y primer largometraje del director francés François Truffaut, "Los cuatrocientos golpes".Sin duda alguna es una de las cintas más aclamadas y todo un referente de una de las corrientes de los "Nuevos Cines" -acontecidos entre el final de la década de los cincuenta y comienzos de los sesenta del siglo pasado-, la revolucionaria "Nouvelle Vague", literalmente la "Nueva Ola", cuyo nacimiento surge al igual que los otros en contraposición al cine comercial de la época. Coincidió con las conmociones sociales, culturales y políticas que cambiaron por completo el panorama mundial durante esos años, dando lugar al mundo tal y como existe hoy en día.
"Los cuatrocientos golpes" es la primera cinta de las cinco que hiciera Truffaut que nos hace partícipes de la vida de Antoine Doinel, nuestro personaje protagonista. Con el sueño de conocer el mar e hijo de una pareja con problemas conyugales de infidelidad y estabilidad, Antoine está saliendo de la niñez y se encuentra con las propias contrariedades de la pubertad: deseo de libertad, autoafirmación de sí mismo, actitud de rebeldía y de crítica e inquietudes culturales entre otras. En una fase en la que las atenciones, el afecto y el cariño se hacen cruciales para el niño, donde reafirmará su jerarquía de valores y convicciones que regirán el resto de su vida, tropezará con el vacío y una infinidad de carencias por parte de la unidad familiar.
La "Nouvelle Vague" la encabezaron críticos y directores como Claude Chabrol, Alain Resnais, Jean-Luc Godard, Éric Rohmer, Jacques Rivette y Truffaut entre otros en torno al escritor, crítico y cinéfilo André Bazin y editor de la revista Cahiers du Cinéma, publicación en la que empezaron muchos cineastas entre ellos el propio Truffaut y que sobrevive en la actualidad.
La película que se trata, dedicada precisamente a André Bazin, adopta los postulados de la misma: el realismo por encima de todo; artificiosidad, efectismo y manipulación reducidas al máximo, con el consiguiente bajo coste de producción; sobriedad narrativa, con mejor propuesta temática que en descubrimientos visuales; referencias personales y autobiográficas y el deseo de libertad artística como uno de los valores principales. Es un movimiento que encumbra la mirada del director como el objeto más importante de la película, por delante de la producción y sin enquilosamiento por parte de la dirección; además, se da pie a improvisaciones de los propios actores, lo que la hace más creativa y le impregna un halo de frescura. Igualmente, es una corriente que cree de manera vehemente en el montaje, trabajándolo con mucho mimo, no a modo de un mero trámite más a la hora de conformar el resultado final del film.
En cuanto a la técnica, abundan las panóramicas y los travellings, sobre todo la frecuente utilización del paneo conjuntado con el travelling, en la que la cámara va siguiendo a los chicos todo el tiempo y hace de testigo a modo de voyeur. La fotografía, en blanco y negro, es preciosa, con mucho contraste y un dominio de grises muy conseguido. A su vez, la iluminación en los exteriores es totalmente natural, reafirmando una de las premisas principales: la renuncia de la artificiosidad.
El casting de actores y el trabajo de los niños es sobresaliente, encontramos en la cinta momentos muy graciosos y ocurrentes, y se dan múltiples anécdotas muy divertidas de travesuras de colegio. El actor protagonista, Jean-Pierre Léaud, lo hace magníficamente bien, y la película se sustenta en él casi al cien por cien; los mayores no tienen cabida, sólo los que son imprescindibles en la vida de Doinel, por lo que se intenta minimizar al máximo el número de planos en el que salen los personajes adultos. Buen ejemplo es (y una de mis secuencias favoritas de la película), estando en el "Centro de rehabilitación para delincuentes infantiles", el chico tiene una entrevista con la psicóloga, y encontramos voces y acciones fuera de campo.
La banda sonora original corre a cargo del compositor francés Jean Constantin, no muy prolífico en cuento a composiciones para el cine pero que nos dejó unos fantásticos sonidos imperecederos. El motivo principal va apareciendo de forma ocasional en distintas variaciones, como un lamento colmado de nostalgia y pesadumbre.
Tuvo que ser Truffaut un amante de la cultura y sobre todo el cine, ya que hay varios guiños muy interesantes a modo de homenaje a lo largo de la película, alguno que otro en los que reparé: una foto de le sensual Harriet Andersson en "Un verano con Mónica", de Ingmar Bergman; "Cero en conducta", de Jean Vigo; "Ciudadano Kane", de Orson Welles, y como no, referencias a Balzac.
Imprescindible drama, muy crudo pero con pinceladas de humor sutil; hace una profunda crítica válida y vigente hoy en día desde la parte más débil de la sociedad -los críos- a los estamentos de la familia, el estado y la educación. Nuestro entrañable protagonista irá sorteando los diferentes obstáculos que lo llevarán hacia el mar, que no es más que un nuevo horizonte repleto de inquietudes por satisfacer y toda la grandiosidad de una vida por delante.







