lunes 15 de diciembre de 2008

Los cuatrocientos golpes (Les Quatre cents coups, 1959), de François Truffaut.

Tras varios días sin escribir retorno con una gran obra, la multipremiada película y primer largometraje del director francés François Truffaut, "Los cuatrocientos golpes".

Sin duda alguna es una de las cintas más aclamadas y todo un referente de una de las corrientes de los "Nuevos Cines" -acontecidos entre el final de la década de los cincuenta y comienzos de los sesenta del siglo pasado-, la revolucionaria "Nouvelle Vague", literalmente la "Nueva Ola", cuyo nacimiento surge al igual que los otros en contraposición al cine comercial de la época. Coincidió con las conmociones sociales, culturales y políticas que cambiaron por completo el panorama mundial durante esos años, dando lugar al mundo tal y como existe hoy en día.

"Los cuatrocientos golpes" es la primera cinta de las cinco que hiciera Truffaut que nos hace partícipes de la vida de Antoine Doinel, nuestro personaje protagonista. Con el sueño de conocer el mar e hijo de una pareja con problemas conyugales de infidelidad y estabilidad, Antoine está saliendo de la niñez y se encuentra con las propias contrariedades de la pubertad: deseo de libertad, autoafirmación de sí mismo, actitud de rebeldía y de crítica e inquietudes culturales entre otras. En una fase en la que las atenciones, el afecto y el cariño se hacen cruciales para el niño, donde reafirmará su jerarquía de valores y convicciones que regirán el resto de su vida, tropezará con el vacío y una infinidad de carencias por parte de la unidad familiar.

La "Nouvelle Vague" la encabezaron críticos y directores como Claude Chabrol, Alain Resnais, Jean-Luc Godard, Éric Rohmer, Jacques Rivette y Truffaut entre otros en torno al escritor, crítico y cinéfilo André Bazin y editor de la revista Cahiers du Cinéma, publicación en la que empezaron muchos cineastas entre ellos el propio Truffaut y que sobrevive en la actualidad.
La película que se trata, dedicada precisamente a André Bazin, adopta los postulados de la misma: el realismo por encima de todo; artificiosidad, efectismo y manipulación reducidas al máximo, con el consiguiente bajo coste de producción; sobriedad narrativa, con mejor propuesta temática que en descubrimientos visuales; referencias personales y autobiográficas y el deseo de libertad artística como uno de los valores principales. Es un movimiento que encumbra la mirada del director como el objeto más importante de la película, por delante de la producción y sin enquilosamiento por parte de la dirección; además, se da pie a improvisaciones de los propios actores, lo que la hace más creativa y le impregna un halo de frescura. Igualmente, es una corriente que cree de manera vehemente en el montaje, trabajándolo con mucho mimo, no a modo de un mero trámite más a la hora de conformar el resultado final del film.

En cuanto a la técnica, abundan las panóramicas y los travellings, sobre todo la frecuente utilización del paneo conjuntado con el travelling, en la que la cámara va siguiendo a los chicos todo el tiempo y hace de testigo a modo de voyeur. La fotografía, en blanco y negro, es preciosa, con mucho contraste y un dominio de grises muy conseguido. A su vez, la iluminación en los exteriores es totalmente natural, reafirmando una de las premisas principales: la renuncia de la artificiosidad.

El casting de actores y el trabajo de los niños es sobresaliente, encontramos en la cinta momentos muy graciosos y ocurrentes, y se dan múltiples anécdotas muy divertidas de travesuras de colegio. El actor protagonista, Jean-Pierre Léaud, lo hace magníficamente bien, y la película se sustenta en él casi al cien por cien; los mayores no tienen cabida, sólo los que son imprescindibles en la vida de Doinel, por lo que se intenta minimizar al máximo el número de planos en el que salen los personajes adultos. Buen ejemplo es (y una de mis secuencias favoritas de la película), estando en el "Centro de rehabilitación para delincuentes infantiles", el chico tiene una entrevista con la psicóloga, y encontramos voces y acciones fuera de campo.

La banda sonora original corre a cargo del compositor francés Jean Constantin, no muy prolífico en cuento a composiciones para el cine pero que nos dejó unos fantásticos sonidos imperecederos. El motivo principal va apareciendo de forma ocasional en distintas variaciones, como un lamento colmado de nostalgia y pesadumbre.

Tuvo que ser Truffaut un amante de la cultura y sobre todo el cine, ya que hay varios guiños muy interesantes a modo de homenaje a lo largo de la película, alguno que otro en los que reparé: una foto de le sensual Harriet Andersson en "Un verano con Mónica", de Ingmar Bergman; "Cero en conducta", de Jean Vigo; "Ciudadano Kane", de Orson Welles, y como no, referencias a Balzac.

Imprescindible drama, muy crudo pero con pinceladas de humor sutil; hace una profunda crítica válida y vigente hoy en día desde la parte más débil de la sociedad -los críos- a los estamentos de la familia, el estado y la educación. Nuestro entrañable protagonista irá sorteando los diferentes obstáculos que lo llevarán hacia el mar, que no es más que un nuevo horizonte repleto de inquietudes por satisfacer y toda la grandiosidad de una vida por delante.


domingo 23 de noviembre de 2008

Italiano para principiantes (Italiensk for begyndere, 2000), de Lone Scherfig.

Vuelvo con "Italiano para principiantes", una multipremiada película danesa del revolucionario y transgresor movimiento cinematógrafico Dogma, de las primeras del género y la primera dirigida por una mujer.

"Italiensk for begyndere" es una historia coral, que narra la vida diaria de seis personas aparentemente insulsas sin grandes aspiraciones, carentes de ambición, poder y con necesidades afectivas y de comunicación: unos perdedores. Sus grises existencias desprovistas de cariño se ven colmadas de frustraciones, insatisfacciones, deseos y problemas familiares. Como vía de escape todos se reúnen en torno a unas clases nocturnas de italiano, punto de unión entre nuestros protagonistas, donde van a conocerse y a establecer lazos, paliando su soledad e incomunicación.

La película posee todos los ingredientes que la encuadran dentro del movimiento Dogma 95 y que fueron las reglas que conformaron el manifiesto creado por Lars Von Trier y Thomas Vinterberg en el año 1995: uso de cámara en mano, ausencia de banda sonora, austeridad visual sin iluminación alguna ni decorados, entre otras, consiguiendo con ello un hiperrealismo inusitado. Quizás sea esta cinta una de las existentes en el género con relato más convencional y contenido, menos mordaz y provocador, ofreciéndonos una cara más amable y tranquila; es un discurso más voluble y sobre todo digerible para espectadores sensibles.

Estamos ante un género muy controvertido que siempre ha tenido detractores y aduladores, concebido como alternativa al cine de Hollywood actual, usualmente vacío de guión y con pobres interpretaciones. En cambio, este se nos muestra más cotidiano y cercano al espectador, debido al uso continuo del reencuadre en toda la cinta, como si la propia cámara fuese testigo propio del relato o un personaje más, a modo de voyeur.

Los guiones están muy elaborados y en general son ácidos, incluso rozan lo sórdido y/o escandaloso y puede llegar a incomodar; igualmente, las interpretaciones terminan de ocupar todo el peso de la cinta, rebosantes de teatralidad y a veces dando pie a la improvisación. Concretamente en el filme del que se habla, la directora tenía un guión elástico que los propios actores iban moldeando cada día de rodaje.

Por contra, y es lo que menos me termina de gustar del Dogma, existe una carencia total en cuanto a recursos artísticos se trata (música, atrezzo, múltiples decorados, luces, ..), aunque bien es cierto que se consigue con ello el fin para lo que fue creado -que no es más que enfatizar el relato de la película-, obteniéndose con acusada sobriedad una verosimilitud y realismos cercanos a la vida diaria, donde el espectador se ve reflejado.

"Italiano para principiantes" es un filme entrañable y muy ameno en el que toparemos con temas como el aislamiento, la soledad y la incomunicación con un nexo en común para el grupo de personajes como es el aprendizaje del italiano, siendo su visionado una inyección de positivismo en una comedia romántica que nos muestra la parte más afable del Dogma.

miércoles 12 de noviembre de 2008

Penélope (Penelope, 2006), de Mark Palansky.

Tenía muchas ganas de ver esta película, ya que la pasaron hace unos días en la inauguración del XVIII Festival de Cine Fantástico de Málaga y no pude asistir. Sin embargo, como la tenía en casa y me dieron buenas referencias de ella, la visioné en la tarde-anoche de ayer.

"Penelope" es la historia de una joven de alta cuna (Christina Ricci) que nació con nariz y orejas de cerdo debido a una maldición que le hicieron a un antepasado suyo. Esta sólo se puede romper si encuentra a un chico de su mismo nivel social que la quiera y acepte tal y como es. Siempre ha vivido en su mansión familiar, por deseo expreso de sus padres, que se encargan de seleccionar a jóvenes adecuados a su categoría y hacer una previa entrevista con la presencia de la propia Penélope para condicionar el enlace matrimonial y la consecuente quiebra de la maldición.

Si nos referimos al guión, la premisa es muy sencilla y denostada, sobre todo en múltiples cintas de género infantil; en todo momento el relato fluye de una forma lineal y es muy previsible. La historia, con la protagonista de narradora, en un principio se muestra con originalidad y creatividad pero se convierte con celeridad en el conocido cuento de "El patito feo".

Posee unos puntos de giro bastante interesantes y singulares, presentando unos escenarios fantásticos con una estética muy atractiva, una bonita fotografía rica en matices y sobre todo en colorido, con una banda sonora original correcta, un llamativo atrezzo además de un reparto muy prometedor. Un filme que tiene impregnado la aureola del universo creado por Tim Burton, derrochando un halo gótico y muy preciosista.

El elenco de actores es muy bueno y lo solventan de una manera digna, con dos de las mejores actrices jóvenes del momento, Christina Ricci y Reese Witherspoon; acompañadas del nuevo intérprete masculino en alza hollywoodiense, James McAvoy. Es una pena que el personaje de Witherspoon aparezca en contados planos; es un papel muy interesante que aporta mucha frescura a la película y está totalmente desaprovechado.

Una obra que podría haberse resuelto de una forma mucho más original; un relato que trata sobre la aceptación de nosotros mismos tal y como somos que finalmente nos impregna con un hedor a moraleja convencional. No obstante, "Penelope" es una afable y simpática cinta que nos regala un rato agradable sumergiéndonos en una atmósfera con estética de fábula.

martes 11 de noviembre de 2008

Los músicos de Gion (Gion bayashi, 1953), de Kenji Mizoguchi.

Hoy he pensado dar otra de mis opiniones sobre una película japonesa clásica, una de mis predilecciones. Lo que más me sorprendió desde el primer momento de "Los músicos de Gion" es lo parecida que es “Memoirs of a Geisha” de Rob Marshall a esta. Este señor debió de empaparse de películas niponas sobre prostíbulos y geishas a la hora de hacer la suya, que no sale de un filme flojo en cuanto al guión –adaptado del best-seller de Arthur Golden- pero destacable en la fotografía, dirección artística y banda sonora original, tan habitual en las actuales super producciones hollywoodienses.

“Gion bayashi” cuenta la historia una reputada geisha, Miyoharu, que acepta a la joven Eiko como aprendiza de geisha, que se encuentra en una situación desfavorable víctima del maltrato de su tío, con el que convive, y de la desatención por parte de su padre.
A partir de que la joven Eiko es aceptada por Miyoharu, empieza a educarse para ser una verdadera geisha, un trabajo duro y con mucha disciplina –imágenes repetidas en la cinta de Marshall-, contando siempre con el apoyo incondicional de su “madrina” (Miyoharu), que la avalará e incluso dará la cara por ella en los momentos más difíciles, con un instinto de protección casi maternal.

El trabajo por parte de las actrices es correcto; destaco el personaje de Miyoharu, porque la actriz supo moldear a una mujer que quiere salvaguardar a la pequeña geisha de sus propias experiencias personales, a menudo no muy agradables. Los personajes masculinos, que tan poca importancia tienen en el relato, están dibujados con torpes gruesos trazos de los que desgraciadamente poco podemos sacar. El personaje de la “madamme”, igualmente desaprovechado, podría haber dado mucho más de sí.

La historia está muy bien contada, de forma muy sencilla y un ritmo bastante equilibrado. La fotografía es exquisita, y el montaje está conformado por un encadenamiento de planos para el cambio de secuencia y de los espacios, con uso de cámara estática, fija y muy natural. Es habitual en los planos de la cinta que la cámara esté a dos palmos del suelo, adoptando planos genuflexos haciendo más cercano lo que se está plasmando al espectador. Además, para añadirle más expresividad es usual la utilización de picados, contrapicados, algún travelling, así como encuadres muy bien elaborados y de gran fuerza plástica.

Decir que el autor, Kenji Mizoguchi, creció en un ambiente colmado de figuras femeninas, lo que se ve impreso totalmente en su cine. Y una de las constantes en su filmografía es el proxenetismo y el mundo de las geishas, donde tiene cabida esta obra.

Más concretamente, al visionar este filme, nos encontramos con un discurso sobre uno de los mayores iconos de Japón, las geishas, y más concretamente de la polémica controversia y eterna cuestión que siempre ha existido en torno a su relación con la prostitución. Es interesante que el maestro japonés de pie a que se haga al menos una doble lectura: una como la desmitificación de la geisha y reafirmación como una prostituta, y otra como una mujer educada, disciplinada, y polifacética, una artista y todo un referente del país nipón.

sábado 8 de noviembre de 2008

Secretos de un matrimonio (Scener ur ett äktenskap, 1973), de Ingmar Bergman.

Estamos ante una película extraída de una serie de televisión de seis horas de duración realizada por el mismo Bergman, que cuenta en distintos capítulos (en un número de seis) la evolución de las distintas fases de la vida conyugal de una pareja, Johan, un distinguido y reconocido profesor de psicología, y de Marianne, una notable abogada especializada en divorcios.

Quizás sea una de las obras posteriores más aclamadas de Bergman, en la que se repite una vez más y profundizando sobremanera una de las constantes en su filmografía: las relaciones personales. La relación de nuestra pareja en los seis episodios va a atravesar distintos ciclos, desde el convencimiento de una felicidad plena, un posterior hastío, desapego y ulterior distanciamiento, infidelidad y abandono de hogar, separación, varios intentos de reconciliación… Hasta que finalmente parecen ser conscientes de que lo que hay entre ellos es una bonita amistad repleta de amor donde puede tener cabida el sexo.

Tiene aspectos que me han gustado especialmente, y es la presentación de los personajes, mediante una entrevista –excelente guiño al metacine- así como el uso del zoom, inusual en su filmografía, que usa en múltiples ocasiones, casi siempre de una forma brusca, como medio para expresar la angustia, sorpresa y dolor de nuestros personajes protagonistas. Destacar el trabajo interpretativo de Erland Josephson; sabe imprimirle la fuerza, el carácter, la seguridad, e incluso hasta la posterior mediocridad que tiene el protagonista del filme.

No obstante, me atrevo a decir que hay alguna cosa que no me ha terminado de convencer; el conjunto no me parece del todo redondo. Una es la reiteración excesiva del esquema de los capítulos que conforman la cinta, produciéndose con ello altibajos en la narración y pérdidas en el ritmo, entrecortado. Otra es el excesivo metraje que le adquiere más densidad con la consecuente pérdida de claridad al relato.

Es una película que tiene una cámara y puesta en escena acariciando lo invisible, donde los aspectos técnicos son prescindibles: todo se nos presenta de una forma teatral, vacía, desnuda. Tampoco es posible escuchar ninguna pieza musical en la cinta.

Resumiendo, el artista nórdico consigue con esta película una enorme verosimilitud y fuertes conexiones con la vida real, pudiéndose ver el espectador reflejado en determinadas ocasiones en este fantástico discurso moral sobre la vida de la pareja.

miércoles 5 de noviembre de 2008

Lilya forever (Lilja 4-ever, 2002), de Lukas Moodysson.

Esta obra independiente es una producción sueca, de Lukas Moodysson, un director que hace filmes muy loables por su carácter comprometido, humano y social, hecho que se agradece en el cine de hoy en día. Desafortunadamente, es un tipo de cinta con poca difusión, muy lejos de estar llena de efectos especiales y un guión vacío que tanta acogida tiene en el público en general.

Lilya es una adolescente rusa de dieciséis años, a la que su madre abandona y deja a la deriva sin compasión alguna por irse con su novio a Estados Unidos. La película cuenta la forma en que la chica queda sumida en la pobreza y la soledad en una ciudad muy pobre de la antigua Unión Soviética, los métodos precarios con los que sobrevive y la forma en que intenta seguir adelante. Por si fuera poco toda esta gran desdicha, empieza a picotear vendiendo su cuerpo donde saca algo de dinero, y conoce a un chico, que piensa que es su novio. Cuando parece que la vida le da una tregua a la joven, su novio le engaña brutalmente y se ve inmersa en una red de prostitución, prisionera en un piso de Suecia del que sólo puede salir para hacer un trabajo que no ha escogido.

Es muy bonita y entrañable la relación que mantiene con el otro niño, Bolodya, análogamente cuasi vagabundo, con el que forja una sincera amistad y estrecha unos lazos muy fuertes, sirviendo el uno al otro como apoyo y también como una inyección de energía, una razón que los hace continuar.

Los actores están muy bien, mención aparte y especial a la protagonista, la rusa Oksana Akinshina, hace un trabajo excelente de interpretación y en sus ojos está reflejada la tristeza, desgarro y decepción que siente Lilya.

En cuanto a los aspectos técnicos, se dejan entrever deficiencias en cuanto a la apariencia estética y musical, debidas al bajo presupuesto y para dotar a la historia de un realismo desorbitado. El uso de la cámara en mano hace que la historia sea más verídica y le añade un absoluto realismo en este caso, pero hay cosas imperdonables como la banda sonora. El tema de “Rammstein” al principio y final de la cinta no tiene cabida alguna, así como algunos “clásicos discotequeros” de muy mal gusto que se pueden escuchar a lo largo de la misma y que están metidos con calzador.

Es una de los films más conmovedores y dolorosos que he visto, Moodysson nos da una lección sobre la vida con cada plano, cada uno de ellos como una bofetada de una cruda realidad que se vive en los países del Este de Europa, sirviendo como una feroz denuncia hacia esta situación.

El verano de Kikujiro (Kikujiro no natsu, 1998), de Takeshi Kitano.

Esta entrañable película es una de las cintas a las que le tengo más estima y con mayor cariño recuerdo; es de las que más veces he visto en mi vida y a pesar de eso no se me hace fácil hablar de ella.

Y es que el principal motivo es que desconozco exactamente qué tiene de especial que hace que me guste tanto. He llegado al convencimiento de que es debido a una chispa especial que la envuelve y la hace más atractiva y que yo sea receptiva y vulnerable a ella. Es la magia de Kitano.

La historia es muy sencilla: Masao -interpretado por Yusuke Sekiguchi- es un niño de nueve años que vive con su abuela y que tiene que afrontar otro año más un verano en el que todos sus amigos y compañeros de clase se han ido con sus respectivas familias a pasarlo fuera. Decide salir del aburrimiento que padecerá en el período estival y emprender la búsqueda para unirse con su madre, en el que circunstancias del destino hacen que lo acompañe el personaje de Beat Takeshi, con el que hasta ahora no tenía relación alguna.

Tras esta introducción, el filme va a narrar los episodios que tienen nuestros personajes hasta llegar al destino previamente fijado por ambos, con los diferentes obstáculos que tienen que sortear que no son pocos.

Los dos personajes protagonistas están muy bien desarrollados y perfilados, por una parte el niño -que aunque a veces se muestra inexpresivo-, tímido, temeroso, desconfíado, soñador; y el "señor", un caradura simpático, desvergonzado, irritante, testarudo pero que a la vez tiene buen corazón. Brillante el trabajo de Beat Takeshi, lejos de ser el personaje de todas sus películas, aquí no se muestra con semblante duro y como un yakuza imbatible.

La relación entre ellos va a sufrir una evolución muy significativa que se desarrollará a lo largo de la narración, estructurada esta a modo de capítulos a modo de diario infantil, que lo hace más entrañable y divertido a la vez. Kitano nos hace partícipes del génesis de una bonita amistad entre dos personas de distinta edad pero que tienen en común sus vidas, poco satisfechas y llenas de frustraciones y anhelos. A lo largo de la historia ambos serán conscientes de que la vida se hará más plena sin marcarse un rumbo fijo, sin importar si se llega al destino fijado o no, dejándose llevar por las emociones y el momento y con la compañía de los buenos ratos que te dejan los amigos.

En la historia hay cabida para todo tipo de situaciones, desde las más graciosas llenas de comicidad en el que no puedes dejar de soltar la carcajada, hasta algunas de acentuado carácter dramático y especialmente sensibles. Destacar los personajes que van apareciendo en esta particular aventura y que se van inmiscuyendo en la historia dotando a la película de una vis cómica especial, ofreciendo circunstancias realmente divertidos y memorables.

Kitano utiliza la metáfora nuevamente, de forma poética; asimismo, la cinta tiene momentos oníricos que tanto protagonismo adquirió en su última cinta. Aquí encajan de una forma verdaderamente buena, sin quitarle compacidad a la historia y haciéndola más emocionante, mágica y fantasiosa.

Adoro la banda sonora original, a cargo de Joe Hisaishi; me parece de lo más hermoso que se ha hecho para el cine en los últimos años. El tema principal es de una belleza exquisita y su melodía es muy pegadiza.

Enlazo aquí un video con el tema principal, "Summer", a piano, interpretado por el propio compositor: