jueves 6 de marzo de 2008

Cuentos de la luna pálida de agosto (Ugetsu monogatari, 1953), de Kenji Mizoguchi.

“Cuentos de la luna pálida de agosto” cuenta la historia de dos ambiciosos y soñadores campesinos, uno alfarero y otro un samurai frustrado carente de cordura, que abandonan sus respectivos hogares familiares en busca de poder, fama y sobre todo, fortuna. Ambientada en el siglo XVI, con el marco de la guerra de por medio, relata las distintas vicisitudes que han de pasar nuestros protagonistas para alcanzar la gloria, así como también su caída y vuelta a la realidad.

La película engloba los ejes temáticos más repetidos en los filmes nipones, como es el drama costumbrista, samurais, leyendas fantásticas, geishas, etc, lo que la hace más atractiva y completa.
Las interpretaciones son bastante buenas -la princesa está muy bien caracterizada-, y las historias, muy bien delineadas, se narran y entremezclan de una forma muy eficaz sin finalmente dejar ninguna deshilvanada. Con ello consigue que junto a una cámara bastante dinámica el film tenga un ritmo muy enérgico y equilibrado.

Si nos referimos al aspecto formal, la cinta es un agregado de delicias cinematográficas que nos hacen regocijarnos debido al extraordinario despliegue de recursos técnicos que usa el japonés: panorámicas increíbles, travellings, composiciones perfectas y planos imposibles entre otros. Además, usa encadenados de planos y fundidos a negros para el cambio de secuencia, lo que agiliza el relato y facilita aún más la comprensión del mismo.
La fotografía, sobresaliente como es habitual en la filmografía de Mizoguchi, tiene una iluminación que llama poderosamente la atención; así como igualmente la ambientación que es exquisita, añade a la película un toque fantasmagórico, terrorífico y lúgubre que tan bien casa con la historia fantástica y/u onírica que se narra.
La música, de carácter muy tradicional, nos ofrece sonidos realmente placenteros y viene a enfatizar momentos tensos e inquietantes sobre todo en las escenas más histriónicas y melodramáticas.

Un hecho a subrayar es la desmitificación de la imagen del samurai que hace el maestro japonés, quitándoles la parte de espectáculo y mostrándolos como personas inmorales, monstruos, capaces de sacar provecho de la guerra, violar, sembrar el pánico y cometer hurtos.
Las prostitutas que aparecen están tratadas con menor delicadeza y mimo, al contrario de como suele ser frecuente en el autor cuando habla de geishas; retratándose aquí de forma más mundana y soez, todo para darle mayor verosimilitud a los duros tiempos de guerra.

“Ugetsu monogatari” se erige como un alegato puramente antibelicista, donde las fantasías adquieren relevancia por ser un medio de evasión de la guerra; asimismo, Mizoguchi hace especial hincapié en la vulgarización de la figura del samurai y exalta la sabiduría femenina, en contra de la ambición e inconsciencia del hombre en la jerarquización de prioridades que tienen cabida en sus vidas.

1 comentarios:

Block dijo...

Una crítica superchula. Está muy bien y la peli es estupenda.
Cuelga más críticas que son cojonudas.
Saludos!!!