La película engloba los ejes temáticos más repetidos en los filmes nipones, como es el drama costumbrista, samurais, leyendas fantásticas, geishas, etc, lo que la hace más atractiva y completa.
Las interpretaciones son bastante buenas -la princesa está muy bien caracterizada-, y las historias, muy bien delineadas, se narran y entremezclan de una forma muy eficaz sin finalmente dejar ninguna deshilvanada. Con ello consigue que junto a una cámara bastante dinámica el film tenga un ritmo muy enérgico y equilibrado.
Si nos referimos al aspecto formal, la cinta es un agregado de delicias cinematográficas que nos hacen regocijarnos debido al extraordinario despliegue de recursos técnicos que usa el japonés: panorámicas increíbles, travellings, composiciones perfectas y planos imposibles entre otros. Además, usa encadenados de planos y fundidos a negros para el cambio de secuencia, lo que agiliza el relato y facilita aún más la comprensión del mismo.
La fotografía, sobresaliente como es habitual en la filmografía de Mizoguchi, tiene una iluminación que llama poderosamente la atención; así como igualmente la ambientación que es exquisita, añade a la película un toque fantasmagórico, terrorífico y lúgubre que tan bien casa con la historia fantástica y/u onírica que se narra.
La música, de carácter muy tradicional, nos ofrece sonidos realmente placenteros y viene a enfatizar momentos tensos e inquietantes sobre todo en las escenas más histriónicas y melodramáticas.
Un hecho a subrayar es la desmitificación de la imagen del samurai que hace el maestro japonés, quitándoles la parte de espectáculo y mostrándolos como personas inmorales, monstruos, capaces de sacar provecho de la guerra, violar, sembrar el pánico y cometer hurtos.
Las prostitutas que aparecen están tratadas con menor delicadeza y mimo, al contrario de como suele ser frecuente en el autor cuando habla de geishas; retratándose aquí de forma más mundana y soez, todo para darle mayor verosimilitud a los duros tiempos de guerra.
“Ugetsu monogatari” se erige como un alegato puramente antibelicista, donde las fantasías adquieren relevancia por ser un medio de evasión de la guerra; asimismo, Mizoguchi hace especial hincapié en la vulgarización de la figura del samurai y exalta la sabiduría femenina, en contra de la ambición e inconsciencia del hombre en la jerarquización de prioridades que tienen cabida en sus vidas.
1 comentarios:
Una crítica superchula. Está muy bien y la peli es estupenda.
Cuelga más críticas que son cojonudas.
Saludos!!!
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